miércoles, 2 de junio de 2004

Ojitos de sapo

Noches malas, mañanas peores... No tengo ganas de decir mucho, más que pase un día de mierda, que parece nunca acabar. Trabajé pero medio que da lo mismo estar ahí o aca. PR trabaja y yo estoy en casa. Un malestar físico-emocional que prevalece ante todo otro sentimiento, de haberlos.
No me quiero ir, ni me quiero quedar, nada funciona, todo esta al revés, fuera de sitio, mal.
Sin saber cómo, por qué o nada, se abrió una puerta de recuerdos nefastos que tanto me costó echar al olvido. Siento que el lunes, esta manada de penosos episodios saltó de mi valija, dos años después de mi llegada, a terminar de arruinarlo todo.
Mis nuevos huéspedes han tomado el mando y yo me transformé en un simple campo de tortura. Han vuelto a mí, las ideas más absurdas y extremas sin que pueda (¿quiera?) hacer mucho para detenerlas. Estoy perdiendo el sentido de la responsabilidad sobre mi persona. No hay mucho back-up que justifique el camino, no hay lugar de retorno, no hay camino, ni huellas. El mal en mí y yo como espectadora, impotente.

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