jueves, 1 de julio de 2004

Mario y Gastón

Dos mórbidos personajes del pasado no pisado aterrizan en escena.
Mario
Parapscicólogo tranfuga. Alto y delgado, pelo largo negro por debajo de los hombros, tez mate y menos de 35 años en aquel entonces (yo tendría unos 12, o sea digamos unos 13 años atrás).
La idiota de mi mamá iba a consultar no sé, futuro imposible porque desde aquel entonces que no hacía nada de su vida, tal vez se lo garchaba, anda a saber...
La cuestión es que esa única vez que me llevó, no sé si yo también querría consultar algo (como toda chiquilina boluda haciendome la grande). Como haya sido, termino sola con este perfecto desconocido en su ¨consultorio¨. En ese entonces estaba e-na-mo-ra-dí-si-ma de Pedro (obvio tenía 12, ni siquiera había tenido mi primer período menstrual, era un amor infantil e inocente), y como el imbécil de Mario me preguntó si alguien me gustaba y eso, así es que le conté de Pedro. Con la excusa de ¨acercarlo¨ a mí (para qué si todavía estabamos en primaria???) me dijo que tenía que hacer un ¨ritual¨ y se re sobó conmigo, la tenía al palo y no pasó nada a mayores con él, pero fue más que desagradable y él me dijo que si le contaba a alguien no sólo Pedro nunca me querría ni nada, sino que mi vida se llenaría de problemas e infelicidad. Qué casualidad, pareciera que le debo haber contado a alguien en aquel entonces, porque todo lo que él vaticinó se volvió realidad.

La historia de Gastón ocurre en mis 14 años. Luego de recuperarme de mi primer intento de suicidio a los 13. Cuando mi mamá decidió darle un pequeño respiro a mi encarcelamiento, me deja salir en este pueblo vecino, con las hijas de una conocida de ella de cuando eran jóvenes.
Empecé a salir los fines de semana con las 2 hijas de esta mujer y me presentaron a su grupo de amigos, uno de ellos, Gastón medio que me tiraba onda y a mí me gustaba. El tiempo pasó y el flirteaba conmigo, hasta que un día, estábamos en la casa de las chicas, ellas estaban con sus novios y yo quedé con Gastón en un cuarto... Me besó y fue lindo, a mí me gustaba, pero él quíso seguir y yo no, entre el forcejeo y yo tratando de sacármelo de encima - literalmente - el se bajó el pantalón y a los tirones bajo los míos y empezó a tratar de meterla. Me re dolió y lo mordí, así logré que paré y me fui corriendo al baño. Noté que sangraba. Chau himen.
Los hombres son unos salvajes. No puedo entender como todavía me gusta tanto garchar, debería odiarlos a todos, o algo. No entiendo.

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